Contra el borrado de las mujeres… heterosexuales


La crítica a las teorías y políticas queer surgió de la mano de las lesbianas feministas radicales como Janice Raymond o, más adelante, Sheila Jeffreys. Como explica esta última en Unpacking Queer Politics (2003), las teorías y políticas queer surgieron durante los debates feministas de la sexualidad o «guerras del sexo» en los años 80 debido a «la crítica de la sexualidad y de las relaciones del feminismo lésbico y del feminismo radical», a «la idea de que lo personal es político y que necesita cambiar». Estas políticas surgieron de la «ridiculización del análisis de las feministas lesbianas de que ‘lo personal es político’ y la importancia de la igualdad en el sexo y el amor» (Jeffreys, 2003).

Esto es así porque fueron las feministas radicales lesbianas las que, gracias a sus extensas reflexiones problematizando las relaciones entre los sexos (también el coito) como algo que había sido «naturalizado» para seguir perpetuando la jerarquía de los hombres sobre las mujeres y la violencia de los primeros hacia las mujeres y todos los seres vivientes, pudieron analizar bajo la misma óptica las concepciones pro-pornografía, pro-prostitución, pro-bdsm, lesbomisóginas, etc. de las teorías y políticas queer, que por este mismo motivo fueron fácilmente comercializables por la industria pornográfica-prostituyente.

Muchas mujeres tratamos de seguir la estela de estas teóricas que ya vienen advirtiendo de los peligros de la teoría y políticas queer desde los años 70 hasta la actualidad, además de muchas otras cuestiones que se interrelacionan con ello. Por este motivo, en julio de 2019 acudí a una conferencia a la que me invitaron a la que titulé «El borrado de las mujeres y la apropiación lésbica«. En octubre de ese mismo año, Vito Virtudes, Rebeca Crespo, Paloma Andrés y Myriam Amaya organizaron una conferencia a la que invitaron a Sheila Jeffreys, donde habló de por qué debemos politizar y teorizar la sexualidad.

Posteriormente, algunas mujeres cercanas a partidos crearon organizaciones para oponerse a las leyes de auto-identificación de sexo que parten de un análisis supuestamente «científico» y mainstream, olvidándose y borrando ellas mismas a las mujeres lesbianas radicales que hicieron estas críticas y apropiándose de sus trabajos sin nombrarlas, o nombrándolas solo en lo concerniente a las leyes de identidad sin profundizar e ir a la raíz de esos trabajos.

El principal argumento de estas organizaciones contra estas leyes y políticas es el «acientifismo» de estas teorías a pesar de que existen estudios científicos que hablan de la existencia de esa «identidad de género». ¿De qué ciencia estamos hablando, entonces? Como mujeres feministas, sabemos de sobra cómo las multinacionales lideradas por hombres con intereses muy concretos han utilizado «La Ciencia» para hacer políticas contra las mujeres. La ciencia es política y se utiliza con fines políticos, pero pareciera que estas organizaciones considerasen que el feminismo y sus argumentos fuesen insuficientes y necesitasen valerse de la institución patriarcal de «La Ciencia», que durante décadas también naturalizó la violencia de los hombres contra las mujeres (ver Política Sexual, Kate Millett), sin darse cuenta de que están cayendo en su propia trampa.

De la misma manera, estas mismas organizaciones están ahora colegueando, haciendo publicidad y aliándose con personajes ultraconservadores y ultraderechistas mientras estos les ayuden a parar las leyes de identidad, sin ver de nuevo que los motivos por los que estos personajes están en contra juegan también en contra de todas las mujeres.

El fascismo/ultraderecha ha aprendido y está aprovechándose y tergiversado el discurso de cierto sector del feminismo para acabar con dos pájaros de un tiro: Primeramente quiere acabar con la «ideología de identidad de género» para seguir abogando por la «ideología de género» de los valores tradicionales jerárquicos de la masculinidad y la feminidad. Es decir, mientras que la ideología de la identidad de género dice que cualquiera puede pertenecer a las cajitas de «hombre», «mujer» o «ninguna» independientemente del sexo, la ultraderecha conservadora está contra estas leyes porque quiere seguir manteniendo intactas las cajitas patriarcales de «hombre» y «mujer», perpetuando la jerarquía. Pero para acabar con la «ideología de la identidad de género» necesita de los argumentos del feminismo tergiversados para sus propios intereses. Así, de paso, acaba también con el feminismo porque acaban relacionando a este último con un discurso de la ultraderecha. Porque su objetivo último es acabar con las ideas feministas que critican la jerarquía patriarcal, acabar con las ideas que dicen que en realidad no hay dos cajitas por separado, sino una cajita que contiene a la otra mediante la violencia de los hombres contra las mujeres y una cultura y sociedad que la vertebra, estructura y valida a través de la heterosexualidad obligatoria, el coito-reproductivo obligatorio, el matrimonio obligatorio, la pornografía, el sadomasoquismo…

Entre estas organizaciones también se encuentran agrupaciones mixtas «LGB» que siguen -consciente o inconscientemente- sin ver el bosque, ya que siguen incorporando la «B» sin ver que uno de los motivos por los que surgieron las teorías queer fue por la incorporación de la llamada «bisexualidad» en los movimientos de liberación de lesbianas y gays (Shane Pelan en Jefferys, 2003). Además, también siguen su propia línea biologista y esencialista de lo que llaman «orientación sexual», sin ver de nuevo que «si nos orientan hacia algún lado es hacia la heterosexualidad» (Uma Conti) y obviando toda la teoría feminista radical-lésbica, es decir, que hacen su propio activismo desde postulados que no son feministas.

Sabiendo que las principales perjudicadas ante las teorías y políticas queer son las adolescentes y mujeres lesbianas, cabe preguntarse por qué siguen tratando de borrar a las teóricas lesbianas que argumentaron todo esto desde hace más de 40 años y solo se acuerdan de nosotras para discursos de mal gusto centrados en la genitalidad patriarcal como «a las lesbianas les gustan los coños» para seguir en realidad apuntalando la heterosexualidad y su heterosexismo. Mientras tanto, las mujeres lesbianas lideraron y trataron durante años de aprobar leyes de interrupción voluntaria del embarazo mientras trataban de hacer pedagogía para subvertir el contrato sexual y el coito-reproductivo masculino obligatorio como modelo sexual, tal y como explica Kate Millett en la entrevista que le hizo el Colectivo de Feministas Lesbianas de Madrid en la revista Nosotras que nos queremos tanto, en el año 84, a la que también habían invitado para dar una conferencia:


Y yo me pregunto, ¿contra el borrado de qué mujeres están?


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